Los futuros de Wall Street operan en terreno negativo en las primeras horas de la jornada, anticipando un inicio bajista para los principales índices estadounidenses. El contrato de futuros del Dow Jones Industrial Average retrocede un 1,05% y se ubica en los 47.003 puntos, mientras que el futuro del S&P 500 cede un 1,16% hasta los 6.661 puntos. El futuro del Nasdaq 100 registra una caída del 1,21% y se posiciona en los 24.345 puntos, reflejando una marcada debilidad en el sector tecnológico que lidera las pérdidas entre los índices de gran capitalización. La mayor contracción corresponde al Russell 2000, índice representativo de las empresas de pequeña capitalización, que desciende un 1,79% hasta los 2.480 puntos, evidenciando que la aversión al riesgo golpea con mayor intensidad a los activos de mayor volatilidad dentro del mercado accionario estadounidense.
En este contexto, el índice de volatilidad VIX, ampliamente conocido como el “índice del miedo” de Wall Street por medir la volatilidad implícita esperada en el S&P 500 a 30 días, avanza un 2,61% y se ubica en los 27,67 puntos, señalando una demanda creciente de cobertura por parte de los inversores institucionales. Cabe recordar que el umbral de los 30 puntos históricamente ha marcado el ingreso a una zona de estrés elevado en los mercados, por lo que la proximidad a ese nivel es un factor que el mercado monitorea con particular atención.
El mercado petrolero inició la semana con una reacción violenta ante la escalada del conflicto en Medio Oriente, donde la confrontación directa entre Estados Unidos, Israel e Irán se ha consolidado como el principal factor de tensión para el suministro energético global. Las primeras operaciones en los mercados asiáticos reflejaron ese cambio de percepción con crudeza: el crudo Brent avanzó un 10,21% y alcanzó los 102,11 dólares por barril, perforando por primera vez en meses la barrera psicológica de los tres dígitos. El WTI, referencia del mercado norteamericano, fue aún más lejos y trepó un 14,95% hasta los 111,04 dólares por barril, su nivel más alto en lo que va del año.
La preocupación central del mercado se concentra en la seguridad del estrecho de Ormuz, el corredor marítimo que separa Irán de la península arábiga y por el que transita cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado. Según datos citados por informes de mercado, aproximadamente 13 millones de barriles diarios atravesaron esa ruta el año pasado, un volumen que representa cerca del 31% del comercio marítimo global de crudo y alrededor del 20% de la producción mundial. Cualquier interrupción de ese corredor tendría consecuencias inmediatas y de gran magnitud sobre los precios energéticos globales y sobre las cadenas de suministro industriales que dependen de ese flujo.
El mercado de renta fija opera bajo presión. Los bonos del Tesoro de Estados Unidos se encaminan a registrar su mayor pérdida semanal desde abril de 2025, en un movimiento impulsado por el alza del petróleo que reaviva los temores inflacionarios y opaca un dato de empleo sorpresivamente débil que, en un contexto de menor tensión, habría reforzado los argumentos a favor de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal. La combinación de un mercado laboral que se enfría y una inflación que amenaza con repuntar vía energía configura un escenario de difícil gestión para la Fed, presionada desde ambos frentes de su mandato dual de estabilidad de precios y pleno empleo.
El impacto se extiende también a Europa, donde el panorama del mercado de bonos experimentó un giro abrupto. Los mercados monetarios descuentan ahora una suba en los costos de endeudamiento por parte del Banco Central Europeo, un cambio radical respecto a hace apenas una semana, cuando el escenario base contemplaba un recorte de tasas. La región es particularmente vulnerable a las crisis energéticas por su alta dependencia de las importaciones de gas y petróleo, lo que amplifica el impacto de la escalada en Medio Oriente sobre las expectativas de política monetaria del bloque.
El oro, activo históricamente asociado a la cobertura en episodios de incertidumbre geopolítica, opera contra la corriente este lunes. El metal precioso cae a pesar del contexto bélico en un movimiento que responde a la lógica del mercado de tasas: el alza del petróleo alimenta expectativas de mayor inflación, lo que reduce las probabilidades de recortes de tasas en el corto plazo e impulsa al dólar estadounidense. Dado que el oro no genera rendimiento corriente, un entorno de tasas reales más altas y dólar fuerte incrementa su costo de oportunidad y presiona su precio a la baja. El metal al contado cedió un 1,2% hasta los 5.109,39 dólares por onza, tras haber llegado a caer más de un 2% en el transcurso de la jornada, mientras que los futuros para entrega en abril retrocedieron un 0,8% hasta los 5.118,20 dólares.
Fuente: Stefano Roatta
Equipo Boston Asset Manager
