Desde que la inteligencia artificial se instaló en el centro de la escena global hace ya tres años, su desarrollo ha impulsado un fuerte ciclo de optimismo en los mercados financieros. No obstante, pocas veces se había observado una corrección tan abrupta como la que está teniendo lugar en la actualidad. Lo llamativo no es solo la magnitud del ajuste, sino la rapidez con la que se produjo: en cuestión de 48 horas, se esfumaron cientos de miles de millones de dólares en valuaciones de empresas tecnológicas, tanto consolidadas como emergentes. El impacto fue especialmente severo en el segmento del software, donde un ETF de iShares que replica a las principales compañías del sector perdió cerca de un billón de dólares en capitalización durante la última semana.
A diferencia de otras caídas recientes, este movimiento no parece estar vinculado al temor de una sobrevaloración generalizada, sino a una preocupación más profunda: la posibilidad de que la propia inteligencia artificial termine desplazando los esquemas de negocio tradicionales de numerosas empresas. Un riesgo que hasta hace poco era teórico y que ahora comienza a percibirse como una amenaza concreta para múltiples industrias.
El disparador de esta ola de ventas fue un acontecimiento relativamente modesto. Anthropic PBC, una firma emergente del ecosistema de IA, presentó una nueva solución orientada al ámbito jurídico, capaz de automatizar procesos como el análisis de contratos. Aunque la herramienta no representa, por sí sola, una revolución inmediata, fue suficiente para encender alarmas entre los inversores sobre la velocidad con la que estas tecnologías podrían transformar sectores enteros.
La inquietud se profundizó al conocerse señales de debilidad incluso entre las compañías que lideraron el auge de la inteligencia artificial. En su último informe de resultados, Google reconoció que sus inversiones en IA demandarán un nivel de gasto superior al proyectado, mientras que ARM Holdings Plc sorprendió al mercado con estimaciones de ingresos inferiores a lo esperado. Estos anuncios reforzaron la percepción de que la monetización de la IA podría demorarse más de lo previsto, generando dudas sobre la sustentabilidad del actual ciclo de crecimiento tecnológico.
Fuente: Stefano Roatta
Equipo Boston Asset Manager
